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Ahora que te escribo me doy cuenta lo mucho que puedo decirte.

Cuando te escribo siento que me conecto contigo. Y lo sé, es raro que con palabras, o de frente, no sienta lo mismo. 

¡Un gallina!, podrás pensar que soy. Pero cuando te escribo siento que puedo plasmarte mi mejor mensaje. Dejando fuera mis gestos pueriles que no reflejan la importancia que te mereces.

Cuando te escribo, siento cada palabra, cada letra. En cambio al hablarte, siento que no digo nada. 

Escribirte me anima. Quiero cambiar el mundo y lo que nos rodea. En cambio cuando te tengo de frente, mi alma y mi cabeza se van a un destino fuera de este planeta. 

Cuando te escribo, y lo leas, sabrás por qué lo hago de esta manera.  

Mis letras pesan más que mis palabras. Antagónico, pero así soy. Contigo mis letras tienen vida y mis palabras sufren de anemia. 

Por esto te pido que cuando te escriba, quiero me sientas como si al frente tuyo estuviera. 

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