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— ¡Buenos días!, ¿cómo sigues? —expresó con voz ronca y sincera Kay.

— ¡Aquí!, intentando hacer algo para mantenerme distraído, pero no es fácil. ¡Creo que no voy a poder aguantar!—respondió mientras colocaba ambas manos sobre su cabeza en señal de preocupación.

— Entiendo, pero busca la manera de tranquilizarte. Sé que la situación por la que estás pasando es muy difícil, pero tienes que ser fuerte. No le puedes meter mente a este lugar y mucho menos a tu estado de salud—se sinceró Johann, a medida que veía fijamente los ojos verdes de la persona con la que estaba conversando.

— ¡Explícame algo!, ¿cómo hago eso? Acaso no has prestado atención y mirado a tu alrededor. Este lugar es una mierda y el ambiente está viciado por la mala vibra de las personas que se están rehabilitando. Aquí solo se respira enfermedad, tristeza, soledad y depresión. La esperanza ya no viene a visitarnos, se olvidó de nosotros y no hay nada que tú o yo podamos hacer—exaltado y de manera nerviosa, el recluido paciente se levantó bruscamente de la silla.

Kay se quedó en silencio y empezó a observar cada detalle del entorno. Sin embargo, no había que ser un genio para darse de cuenta que el centro de rehabilitación “Adicción mental” era tétrico y muy diferente gracias a su arquitectura con estilo gótico. A pesar de que el entorno no ayudaba mucho a la situación, los enfermeros, doctores y el resto del personal que trabajaba en la residencia, utilizaba un uniforme bastante llamativo por sus múltiples rallas de color azul y verde eléctrico. Pero lo más escalofriante de todo el lugar era el salón de visitas. Esta área se caracterizaba por tener muebles antiguos de color blanco que estaban anclados al suelo, paredes abarrotadas de pinturas con imágenes abstractas en diferentes tonalidades de gris, pero lo más insoportable de todo era el viciado olor que se generaba en el ambiente, producto de una combinación entre una incontrolada humedad proveniente del techo y un delicado aroma a incienso de canela.

— ¡Bfffff!—un fuerte y largo suspiro salió desde lo más profundo de Kay.

— ¿Estás bien?—indicó resignado, mientras miraba la reacción del visitante.

— Todo tranquilo, únicamente estaba pensando. Pero de igual manera te quiero contar algo muy personal que viví unos años atrás. Durante mucho tiempo estuve ciego porque la mente dominaba por completo mis sentimientos, pensamientos e integridad. Esto me afectaba tanto, que no tenía la capacidad para distinguir lo bueno de lo malo y lo peor de todo era el tormento que tenía que experimentar posterior a las decisiones tomadas. Era como si una avalancha de culpabilidad te revolcara intensamente y luego de terminar el atroz momento, te levantabas para coger un leve suspiro mientras observabas que el siguiente desprendimiento de culpa se acercaba lentamente para volver a golpearte.

— ¡Espera un momento Kay!, ¿qué tiene que ver esto conmigo?, ¿acaso crees que la mente me domina a mí también? Eres un iluso y por un momento pensé que realmente me conocías—exclamó con un tono de voz déspota y alocado.

— ¡Por favor, relájate un poco!, en ningún momento he dicho nada sobre ti, es más, ni siquiera me has dejado terminar. ¿Por qué no te sientas y escuchas mientras me desahogo contigo? Luego que termine, haces lo que te da la gana. ¿Estamos de acuerdo? —manifestó de manera pausada y certera, a la vez que agitaba las manos y le invitaba a sentarse.    

— ¡Está bien!, pero no creas que voy a ponerme sentimental con tus tristes historias—murmuró a medida que se acercaba a la mesa y se sentaba.

— En aquel entonces todo lo que hacía alimentaba el ego y satisfacía los deseos de la mente, de lo contrario una barrera intrínseca del ser me impedía tomar cualquier otro camino o decisión. Fue muy difícil el poder eliminar esa adicción de mi existencia, tanto así que tuve que dedicar un par de años para poder desintoxicarme de toda esa energía negativa proveniente de mi mente. Poco a poco fui aprendiendo a identificar nuevos hábitos que me ponían a prueba y me llenaban mucho más. Si me preguntas, ¿cuánto me costó?, te puedo decir que mucho más de lo que imaginaba. Pero sin duda alguna que todo es posible, sólo tienes que crear tu oportunidad y dar pasos reales de cambio. Lo que te quiero decir con todo esto, es que de nada sirve quejarnos y dejar que la mente nos siga dominando. Ahora mismo tú realidad es que estás en un lugar de mierda porque todo lo que hay a nuestro alrededor desprende mala vibra, pero ahora yo te hago una pregunta: ¿Qué has hecho para cambiar esa mala vibra o para disfrutar de otra realidad? —cada una de las palabras que Kay mencionaba inquietaban al recluido y enfadado amigo.

— ¡Mmm!, pero… ¿quién dijo que yo debo resolver los problemas de este centro?, para eso existen las personas que trabajan aquí. ¡Algo si te digo!, si me pagaran por eso, seguro que esto sería de otra manera—contestó de manera quejumbrosa y altanera.

— Es cierto que no trabajas aquí y puede que los problemas que se presentan en el recinto no son de tu responsabilidad, pero en cierta manera te afectan. Por ende, puedes ayudar y hacer que las cosas cambien, pero va a depender de la actitud que demuestres. ¡Esto es sencillo!, solo tienes que analizar las alternativas que tienes.  Puedes quedarte con los brazos cruzados porque no te pagan y seguir disfrutando del entorno de mierda o simplemente intentas marcar la diferencia y arrimar el hombro para que tu realidad sea diferente. ¡Así de fácil mi querido amigo! —Johann Kay refutó con voz ronca, a la vez que observaba como se encendía una lámpara de color amarilla. Esta servía de señal para indicar que quedaban 5 minutos del tiempo de visita.

— ¡De verdad que no sé qué decir! Últimamente veo todo negro, nada me motiva y he perdido la esperanza por seguir luchando. Es más, esto no se lo he contado a nadie, pero hace unos años tuve un sueño super extraño. ¡Sin duda alguna puedo decir que jamás había experimentado algo parecido! Recuerdo que en él podía ver a un niño rubio de ojos verdes que corría de felicidad por una avenida. Su sonrisa y comportamiento contagian de amor, armonía y compasión al resto de los niños que estaban a su alrededor. El solo hecho de verlo motivaba a cualquiera, era algo mágico. De repente el cielo empezó a tornarse gris y una fuerte tormenta hizo acto de presencia. En cuestión de minutos la fantasía desapareció y dio paso al brote de una sombría oscuridad. Sin embargo, cuando se hizo la luz nuevamente, aquel mágico niño había cambiado de manera radical. Al parecer había crecido y ya era un hombre adulto, en cambio, su aura no era la misma. Con rostro triste y actitud negativa, lo único que se podía percibir en su entorno era enojo y sufrimiento. El niño que una vez fue feliz y alegre, se había convertido en un monstruo solitario y frustrado. Desde entonces siempre me pregunto, ¿cómo algo tan puro y mágico como el chico del sueño, se puede convertir en un ser trastornado y triste?  —el misterioso amigo de Kay se volvió a levantar de la silla, pero en esta ocasión introdujo su mano derecha en el bolsillo izquierdo de la camisa que tenía puesta y sacó una pequeña foto. Luego la sostuvo frente a él y se le quedó mirando profundamente. Durante aquel instante de reflexión, una lámpara de color rojo se encendió y dio por sentado que el tiempo de visita había finalizado.

— ¡Cof, Cof!, disculpa que te interrumpa, pero se acabó el tiempo y en cualquier instante me llaman para salir. Antes de eso quiero recordarte que puedes contar conmigo para lo que haga falta, no lo olvides. ¡Otra cosa!, pase lo que pase, ¡no te rindas, por favor! Nos vemos la otra semana, ¿cierto? —con un leve carraspeo en la garganta y una burlesca sonrisa en el rostro, se intentó despedir de su querido amigo.

— ¡Je, je, je!, tranquilo Johann. Seguro que después de ver esta imagen, podrás sacar tus propias conclusiones—dijo a medida que dejaba caer la foto sobre la mesa y se retiraba lentamente.

— ¡Disculpe señor, pero tiene que retirarse! —gritó uno de los guardias de seguridad, mientras le señalaba la salida a Kay.

— ¡Deme un minuto más por favor!, tengo que aclarar esto con él—vociferó con tono de desesperación y algo desconcertado por todo lo que había escuchado.

— ¡Lo siento, pero debe retirarse!—el guardia arremetió contra Johann y lo sacó prácticamente a la fuerza del recinto.

Luego de haber salido del centro de rehabilitación y algo perplejo por lo que había sucedido, Kay se resguardó dentro de su carro mientras una fuerte lluvia empezaba a caer. Mientras las gotas golpeaban fuertemente todo a su alrededor, el desorientado hombre se acordó de la foto que había dejado su amigo. Sin duda alguna no se lo esperaba, pero luego de ver la imagen al detalle, una fuerte sensación de nostalgia empezó a recorrer por todo su cuerpo hasta quedar totalmente congelado. En el retrato se podía observar dos hermosos niños muy parecidos que estaban sentados juntos y que sonreían a carcajadas. Era toda una ternura, sin embargo en la parte de atrás había una pequeña dedicatoria que decía:

“Para mi mejor amigo:

¡Hola!, espero te haya gustado la foto. Siempre que la veía hacia la misma reflexión, ¡cuánto hemos cambiado! Aquellos niños llenos de felicidad y ternura han desaparecido por completo, solo queda el recuerdo. ¿Qué nos pasó?, de verdad que no lo sé. ¿Será porque fuimos creciendo y la distancia entre nosotros cada vez se hizo más grande? ¡Me cuesta tanto entenderlo!

Espero que no te ponga triste mi despedida, pero de igual manera quiero que sepas que te quiero y siempre serás mi mejor amigo. ¡A pesar de todo los malos ratos que pasamos juntos!

¡Bueno querido colega!, ha llegado el momento de despedirme y a su vez quiero pedirte algo, nunca te des por vencido en el amor. Recuerda que este siempre será el mejor camino que podrás elegir. ¡Disculpa mi sentimentalismo!, pero ya se me había olvidado lo emocionante que puede ser amar a otra persona, ja, ja, ja”. 

Imagen de Mabel Amber en Pixabay 

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