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El invierno había llegado y con él, las desagradables temperaturas bajo cero, la inaguantable humedad y las noches más solitarias del año. Pero esto no iba a detener a nuestro amigo Kay, y si bien es cierto, en esta ocasión le tocaba vivir la experiencia de trabajar en una de las fábricas de sueños más grande del mundo.

Luego de tres rigurosos meses de pruebas y capacitaciones para poder cumplir con los altos estándares de calidad en la producción de sueños, nuestro aventurero se rodeó de una gran cantidad de compañeros y creó algunos interesantes lazos de amistad. De los cuales, se destaca el de la compañera que se había divorciado tres veces y que tenía seis hijos. Si bien es cierto, desde el primer día de conocerse hicieron clic y eso dio como resultado que se confiaran temas muy personales entre ambos.

—¡Ring, ring, ring! —el reloj marcaba las 06:00 de la madrugada y la fuerte alarma indicaba el inicio de la operación de la línea de montaje. Eso quiere decir, que todos los trabajadores deben estar en el puesto que le habían asignado.  

—¡Buenos días amiga!, tenía tiempo sin verte. Al parecer nos toca compartir la misma sección de montaje en el turno de hoy —exclamó Kay con voz de felicidad y por ver a su amiga nuevamente.

—¡Hola! —respondió de manera fría y cortante la mujer.

—¡Oye!, ¿Todo bien? —contestó de manera preocupada por ver la actitud que demostraba su cercana compañera.

—Bueno, que te puede decir, más de lo mismo. ¡Ando frustrada y triste porque mi vida no tiene ningún sentido!, las preocupaciones me están matando lentamente y no dejo de pensar en ello. ¡Incluso cuando duermo, me persiguen en los sueños!, es algo aterrador. Siento que estoy pagando algún tipo de karma o algo, además, ¿de qué sirve la vida si no puedo conseguir mis sueños más anhelados? —sin duda alguna, el agua se había desbordado en el vaso de aquella madre con pelo rizado de color rubio, ojos redondos de color verde, estatura baja y cuerpo extremadamente delgado. No había dudas de que la ansiedad dominaba por completo en su vida, y prueba de ello era el ambiente negativo que se percibida a su alrededor.

—¡Amiga, de nuevo con este tema!, de verdad que no entiendo. Siempre quedamos hablando sobre esto, ¿cuándo llegará el día en que tomes una decisión y luches para conseguir tus sueños? —exclamó Johann de manera desafiante y sincera, con tal de sembrar alguna esperanza que le motivará a cambiar de parecer.

—Para ti es fácil decirlo porque no tienes hijos y eres joven. Además, no tenemos la misma cantidad de trabajo y responsabilidades. A mí me toca llegar a la casa y seguir con la faena que me dan mis hijos, desde ayudarles con las tareas del colegio hasta buscar las soluciones a sus problemas del día a día. ¡De verdad que son muchas cosas y el tiempo no me alcanza!, ¿tú crees que esto es fácil? —la conversación se tornó más tensa de lo normal, mientras tanto el tono de voz de su amiga se volvió desafiante y aumentaba. 

—¡Ok amiga, te entiendo!, pero relájate e intenta meditar en lo siguiente por favor, ¿de qué tienes miedo?, cuéntame —Johann Kay se quedó mirando fijamente a su amiga, a la vez que le realizaba la concisa pregunta. 

Mientras tanto, ella simplemente se detuvo y su cuerpo quedó totalmente congelado, como si fuera una estatua. Pero por dentro hubo una explosión de sentimientos encontrados que creaba una tremenda confusión en su mente y no le dejaba tomar ninguna decisión. Era como si hubiera una guerra a muerte por encontrar el mejor camino para obtener sus sueños. No había duda que solamente ella sabía que estaba pasando durante ese instante.

Lo más irónico de trabajar en una fábrica de sueños, es que la mayoría de los trabajadores invierten largas jornadas de trabajo desgastando su cuerpo en las exigentes líneas de montaje, para fabricar sueños que ellos no podrán obtener y que luego serán colocados en elegantes vitrinas para su venta.

—¿Miedo?, no se trata de eso, sino de renunciar a mi familia por egoísmo de obtener algo que he anhelado durante toda mi vida. ¡Esa es la única realidad amigo, no hay de otra!, ¿ahora lo entiendes? —confesó con voz agotada la triste compañera.

—¡Mmmm!, no lo entiendo, porque no es una cuestión de renunciar a tus seres queridos, sino de luchar por lo que quieres. Es cierto que tendrás que trabajar mucho más que otras personas que no tienen las mismas responsabilidades que tú, pero eso forma parte del camino para conseguir tus sueños y eso es lo más bonito. ¿Sabes por qué?, porque inconscientemente los seres humanos se aferran al significado de la palabra valor cuando algo le cuesta tiempo, conocimiento, dedicación y disciplina, en pocas palabras cuando sufren. En cambio cuando omites todo lo anterior y simplemente te obsequian un sueño que no fue trabajado por ti, porque una fábrica se encarga de eso y los coloca en vitrinas para venderlos por montones, el valor se pierde—habló de manera relajada y misteriosa su apreciado amigo.

—¡Qué dices, tú eres medio loco!, ¿cómo es posible que a esta altura de mi vida, con cuarenta y seis años, tengo que sufrir por mis sueños?, mejor déjame con mi rutina de trabajar y cuidar a mis hijos. ¡El día que me gane la lotería, iré a la vitrina que mencionas y compraré mi sueño!, así de fácil.

El silencio había respondido a la deprimente y angustiada mujer, sin duda alguna no había marcha atrás. Sin embargo, Kay desvió la mirada por un momento y con una gran sonrisa leyó una frase que estaba grabada en la pared: “Los sueños no se compran, ni se regalan, más bien se fabrican con sentimientos, disciplina y tiempo”.

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