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A pesar de no tener estudios universitarios y estabilidad profesional, durante décadas el viejo Mack siempre se destacó por ser un hombre trabajador con vocación empírica, humilde y dispuesto a ganarse el sustento diario honradamente. 

El cielo estaba totalmente despejado y las nubes se habían esfumado por completo debido a que el verano había llegado a la ciudad. La temperatura del medio ambiente rondaba los 38°C y los rayos del sol quemaban de manera intensa a todo lo que estaba expuesto a su alrededor. 

— ¡Hola señor! —exclamó con una gran sonrisa a medida que golpeaba el suelo con un bate de béisbol, uno de los niños que estaba jugando en el parque. 

— ¡Hola amiguito!, ¿todo bien? —respondió Mack mientras se quitaba los lentes, retiraba el periódico que estaba leyendo y mostraba interés por el misterioso niño. Sin embargo, el silencio tomó posesión del lugar y la respuesta se hizo esperar. De repente, el curioso chiquillo empezó a caminar alrededor de la butaca donde estaba descansando el anciano. Luego de dar varias vueltas, el travieso se detuvo en frente de Mack, sacó una pelota del bolsillo y le hizo señas para que lo acompañara a jugar.

— ¿Quieres que juegue contigo?, disculpa pero estoy un poco viejo para eso, ¡no te parece! Lo mejor será que invites a otra persona—expresó con voz pausada el longevo hombre.

— ¡Nadie quiere jugar conmigo!, el resto de los niños que vienen al parque me golpean y se burlan de mí. Por eso siempre ando solo—rezongo de manera triste y molesta el pequeño.

— ¡Tranquilo muchacho!, no te molestes. Porque mejor no te sientas conmigo y te cuento una historia de aventura sobre la guerra—expresó con voz pausada el longevo hombre.

— ¿De verdad?, ¡Urraaa!, me encantan las aventuras—gritó y saltó de júbilo, a la par que su rostro manifestaba una gran cantidad de asombro e interés.

— ¡Wow!, ya veo que te gustan, jejeje. Entonces, ¿qué te parece si empezamos con la historia?

— Si, por favor—dijo el pequeño, mientras se tranquilizaba y se sentaba al lado del anciano sin perder de vista su mirada.

— Durante siglos, los seres humanos hemos librado guerras terroríficas por motivos insignificantes, simplemente por la ambición de usurpar bienes, tierras, países, poder e incluso el amor. Ninguno de estos hechos justifica la crueldad y el comportamiento egocéntrico de muchos.

 — Detente, ¡no entiendo!, pensaba que las guerras se iniciaban por el ansia de conquistar la libertad. Esa debe ser la causa perfecta para cualquier guerrero que ha entregado su vida en el campo de batalla—confuso y algo trastornado por lo que estaba escuchando, el niño se levantó e interrumpió bruscamente las palabras del anciano.

— Es cierto pequeño, todos los combatientes de nuestro mundo tienen derecho a ser libres, pero esta puede convertirse en una ilusión muy difícil de distinguir. Usualmente solemos creer que somos libres como el viento, pero realmente vivimos encadenados por voluntad propia a sentimientos, bienes, personas o vicios. Por ende, ¿qué culpa tiene el mundo de esto?, ninguna. De nada sirve librar guerras sangrientas llenas de dolor y odio. Sin embargo, tenemos que preparar una estrategia de combate y ciertamente la mejor de todas es ganar la batalla diaria que enfrentamos contra el yo. Recuerda, ¡no podrás ganar una guerra, sin antes ganar muchas batallas! —contestó el viejo de manera serena, mientras tocaba una y otra vez el hombro derecho del chiquillo en señal de tranquilidad.

 — Disculpa la interrupción, pero tiene sentido lo que dices y no lo había visto de esa manera—respondió el chico, a medida que se sentaba en el frondoso césped del parque y seguía escuchando las palabras de Mack.

— En los 66 años que tengo, he librado muchos enfrentamientos contra mi mismo. Algunas veces salí victorioso por la enorme dedicación y esfuerzo invertido, pero en otras ocasiones es cierto que saboree el polvo de la derrota. No obstante, cuando tocas fondo porque fracasaste, debes tener la sabiduría para levantarte, identificar y aprender a fortalecer cada una de las debilidades que se te presentaron en el campo de batalla. De lo contrario, no podrás ser libre del oscuro y vacío hueco de la derrota—asintió el anciano con voz sincera.

— ¡Wow!, me da algo de miedo hablar sobre la derrota, mejor cuéntame la historia sobre tu batalla triunfal, ¿te parece? —dijo el niño de manera asustada.

— ¡Si claro, no te preocupes!, pero recuerda que el miedo es necesario porque es la mejor fuente de motivación para prepararnos ante los nuevos desafíos. Lo importante es saber controlarlo, de lo contrario se convierte en pánico y te paraliza hasta tomar el control total sobre ti.

— ¡Mack!, creo que no me escuchaste porque sigues hablando de lo mismo, ¡Oye Mack, detente! —grito el niño, mientras veía que el longevo hombre no cambiaba el hilo de la conversación.

— ¡Bffff!, perdóname pequeño, pero por momentos me vienen secuelas producto de la gran cantidad de enfrentamientos realizados. Pero bueno, ¿dónde estábamos? ¡Ah sí!, ya me acorde. Durante toda mi vida he tirado puñete para sobrevivir y estar de pie en cada batalla, a pesar de haber cometido muchos errores me siento feliz, porque salí victorioso de la batalla más difícil que he experimentado. Y aunque parezca una tontería decirlo, no lo es, porque ninguna persona, universidad o institución te educa para ser padre. ¡Así es niño!, mi cruzada triunfal fue acompañar a mis hijos en cada una de sus luchas. No fue fácil, porque tenía que librar las mías y la de ellos, en pocas palabras tenía que hacer un esfuerzo doble. De allí todas las secuelas que debilitan mi cuerpo y que me acercan cada vez más al final de la guerra de mi vida. Cada día que pasa lo peleó como si fuera el último, porque no sé cuándo llegará el día en que mi corazón deje de latir y el sueño eterno toque a mi puerta. Sin duda alguna, envejecer al lado de mis hijos me motiva día a día y le da sentido a mi libertad, porque tuve la oportunidad de enseñarles a luchar, aprender de ellos, ayudarles en sus derrotas y lo mejor de todo, disfrutar de las victorias más anheladas. Este es el mejor recuerdo que tengo de mi vida, mi batalla triunfal—exclamó Mack a la vez que los ojos se le llenaban de lágrimas.

El silencio volvió a tomar posesión del lugar y en esta ocasión el niño se acercó al anciano, mientras tocaba una y otra vez el hombro derecho en señal de tranquilidad. 

Fuente imagen: Pixabay

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