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Carmen nunca fue muy problemática, excepto cuando, de pequeña, iba con sus padres al supermercado y escabullía libros de colorear en la carretilla. Si no se los compraban, formaba berrinches imbatibles para cualquier adulto presente. Una vez en casa, y habiéndose salido con la suya, los consumía lo más rápido posible y los añadía a las pilas que se elevaban sobre su mesita de plástico cubierta con calcomanías. Esta fascinación la llevó al dibujo, y de ahí terminó en la pintura. Pasaron los años, estudió a los grandes y el talento llegó.

Su fuerte eran los retratos y su estilo consistía en plasmar a familiares y amigos en otras épocas, ya sea en salones de madera del siglo XVII, en la campiña francesa o en universos puntillistas. Todos, desde los profesores hasta las amigas de la tía Esperanza, adoraban sus cuadros.

Un día, emocionada, Carmen presentó su más reciente creación: era una escena como la de las Meninas, y en ella se encontraban su madre, padre y sobrinas con ropa y pose de la época, pero había un elemento que sobresalía por encima del resto: un pequeño monstruo se asomaba desde la puerta del fondo de la habitación, y, con maliciosa curiosidad, observaba directamente a los ojos del espectador. Carmen le había dado especial atención a la abominación, justo como da Vinci había hecho con aquel armiño. El cuadro gustó por su calidad y técnica, pero su público habitual no demoró en inquirir acerca de la criatura. «Bueno, porque sí», fue la respuesta que dio la autora, y familiares y amigos rieron y se olvidaron del tema.

La siguiente composición mostraba a la tía Esperanza en un vestido celeste paseando por las calles del Amsterdam de Van Dyck, y, muy cerca de ella, a un picaresco diablillo caminando a la par de los peatones. Luego vino el Picnic al pie del globo en los campos belgas, y en los que participaban Armando y sus hijos. Entre ellos, y bebiendo té como si fuese uno más del núcleo familiar, se hallaba un ente inspirado en los demonios del Infierno de Bosch. En su tacita, inclusive, remojaba a una diminuta alma en pena.

A ese le siguió el de la abuela, de joven, posando como en La Promenade, pero en esta versión, en vez de estar acompañada por un niño, se encontraba junto a un tranquilo ser cinocefálico que vestía ropa de campo y un adorable sombrero amarillo. Un día, hablando de esa pieza, Carmen comentó que el tema era la devoción a San Cristóbal, y cada vez que alguien le comentaba algo acerca de las particularidades de su estilo —como todos le llamaban—, ella respondía con: «Es el motivo», y ante la recurrente pregunta de «¿Por qué no pintas algo normal?», comentaba: «Es que el artista expresa lo que puede, y lo que necesita».

De un día para otro los monstruos cesaron y sus cuadros volvieron a representar solamente a gente real, justo como las obras que le inspiraban. Producto de este período fue La tía Esperanza de la perla, que no solo fue un clásico inmediato, sino también el triunfante retorno a la realidad, y que terminó vendiéndose por quince mil cuatrocientos quetzales.

Los siguientes diez años estuvieron marcados por composiciones totalmente suyas, sin referencias y sin tomar prestados elementos de otras piezas. En ellos retrató a las personas que le rodeaban y a las emociones que sus miradas y semblantes proyectaban. 

En su primera gran exposición, un antiguo profesor hizo un brindis y sacó el tema de las criaturas que Carmen solía pintar. Los presentes las recordaron con risas y ternura, y ella, con su copa de champagne en mano, sonrió y asintió, y participó del momento, pero muy adentro suyo, y casi con una malvada carcajada, disfrutó del secreto que a nadie le había contado: desde aquel pequeño intruso que se asomó al fondo de la habitación de sus Meninas, nunca había dejado de pintar monstruos.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Avatar
    Carlos Salazar Boychev

    Divertidísimo y juguetón. Me encanta cómo consigue que mi mente pinte los cuadros y sus alteraciones al leerlo. Gran efecto.

  2. Avatar
    Nati Tertusio

    Y vos, qué monstruo dejaste vos escondido por el cuento? (: Voy a hablar con la tía Esperanza al respecto.

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