Tiempo de lectura: 3 minutos

Desde su juventud, a Francisco Zabaleta le había parecido que la obra de Saint-Simon, especialmente el Catéchisme des industriels, carecía de brío. Marx y Engels tampoco pudieron encender la chispa en su mente revolucionaria; pero, aquel que sí logró causar una impresión duradera y apasionada fue Istvan Kedves, quien, en 1851, publicó La proposition socialiste, donde planteó que el verdadero motor de la historia no era la lucha de clases, sino la producción intelectual misma de propuestas socialistas idea que, si hoy día nos parece abstracta, se podrán imaginar lo bien que pintaba en el siglo XIX. 

En 1967, el general Francisco Zabaleta lideró una revolución armada con cero bajas —a menos que cuenten el accidente de ducha que sufrió Miguel “Metralla” Gutiérrez—, e instauró una república kedveniana en su tierra natal.

Ante la pregunta de por qué el kedvenianismo como sistema político-económico, el capitán Rogelio Sanjur, que también hacía de ministro de industria, le dijo a la BBC un año después que: «lo que ocurre es que el marxismo, por naturaleza, es muy violento, el comunismo muy marxista y el estalisnismo carente de substancia; por otro lado, la alternativa gringa había sido descartada desde un inicio».

Antes que nada, y para aclarar dudas desde ya, todo esto ocurre en la nación centroamericana de Vespucia —población: 5 millones según el último censo. Este país nunca la tuvo fácil, ya que no le tocó ni poetas, ni canal interoceánico, ni el impresionante legado de la cultura maya; en otras palabras, a Vespucia no le alcanzó ni para ser república bananera.

Al territorio también se le conoce por su cruento pasado colonial, su aguardiente tradicional llamado el madrugo, sus playas paradisíacas y la banda de rocket punk llamada Papiloma Canino —oriunda de Monte Arroyo, para ser exactos—, la cual sorprendió al continente en 1999 al llevarse el premio a álbum del año en los Grammy Latinos. 

En 2005 el general Francisco Zabaleta falleció de un infarto al corazón y fue enterrado con honores en el mausoleo de la familia. Ese mismo día, Francisco Zabaleta hijo heredó el trono de lo que se había convertido en una dictadura mediocre con sello latinoamericano. Este logro, por miserable que parezca a simple vista, conllevó un gran esfuerzo, ya que tuvo que escabullírsele a una diversa selección de buitres políticos, entre ellos reformistas, conservadores, la oposición exiliada en Delaware, y hasta lo que quedaba del general Rogelio Sanjur, a quien, después del sepelio, le acababa de cerrar la puerta del despacho en la cara.

Francisco Zabaleta hijo, calado en sudor debajo de su saco, caminó con extrañeza por la sala a la que tanto miedo le había tenido y se sentó detrás del escritorio en el que su padre había fallecido. Luego de acomodarse, se dio cuenta que había creado expectativas demasiado altas de este momento.

Prendió la radio para escuchar lo que decían en el noticiero acerca de su toma de posesión. Solo encontró programas de opinión donde se hablaba del general Francisco Zabaleta y nada de Francisco Zabaleta hijo. Revisó la hora en su Rolex GMT-Master II. Todavía faltaba un cuarto de hora para el informativo. Se preguntó por qué no se referían a ellos como Francisco Zabaleta padre y Francisco Zabaleta hijo. La idea le empezó a irritar, pero logró dejarla pasar diciéndose a sí mismo que ahora era el estadista de la nación, y que debía mantener la cabeza fría para cumplir con sus responsabilidades.

Dejó la señal en una emisora de música sonaba Tu querer me lastima, de Paula, y contempló el despacho. Estaba justamente como su padre lo había dejado: el Blue Label en la jarra de vidrio, los tomos de derecho y ciencias política en los estantes de sándalo, el estuche de ébano con La proposition socialiste de su juventud, y una carpeta convencional sobre el escritorio. Por pura curiosidad abrió esta última y ojeó su contenido. Adentro había un comunicado de inteligencia que, a primera impresión, parecía ser acerca de San Jorge y Bizantina.

Cabe mencionar en este momento que los sanjorjanos y los vespucios eran, y siguen siendo, enemigos mortales. Esto se debe al famoso discurso que pronunció el general Zabaleta en la Cumbre de las Américas de 1992, del cual se destaca el siguiente extracto: «La monarquía constitucional parlamentaria de San Jorge y Bizantina no tiene lugar en el continente americano, ya que es una tierra donde, a partir de una guarida de corsarios, germinó la opresión colonial británica». Minutos después de la intervención, San Jorge y Bizantina rompió relaciones diplomáticas con Vespucia.

En el comunicado que leyó Francisco Zabaleta hijo —al mismo tiempo que sonaba en la radio el éxito Elecciones de tamarindo, de Papiloma Canino—, se le informaba al general Francisco Zabaleta lo siguiente: los descendientes de Istvan Kedves habían mantenido en secreto información familiar debido a las repercusiones políticas que estas podían haber tenido en Vespucia, pero que, luego de discutirlo por mucho tiempo, y gracias al apoyo del gobierno de San Jorge y Bizantina, habían decidido contar la verdad al mundo. Según el texto, Kedves, en sus últimos años, aclaró en una carta hacia su hijo favorito la gran polémica que le había perseguido toda su vida: en efecto, La proposition socialiste, su magna opus y base sobre la cual se levantaba el sueño del general Francisco Zabaleta, había sido una pinche sátira política.

Por si quieres leer más

Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. Avatar
    Carlos Salazar Boychev

    Esto está riquísimo. Sé que varias de las puyas que encuentro son probablemente proyecciones, seguro otro lector encontrará otras distintas. Gran efecto que hace de este cuento algo apreciable universalmente.

    1. Mario Salazar Boychev
      Mario Salazar Boychev

      Muchas gracias, Carlos, como siempre. En efecto, las puyas son pura coincidencia ha ha. Ya unos cuantos lectores me han compartido sus interpretaciones y me complace ver lo diferentes que son, por lo que siento que cuento ha funcionado.

  2. Avatar
    Felipe Echandi Lacayo

    ¡Esto es lo más borgeano pero centroamericano que he leído! Esta genial. ¿Por casualidad la inspiración es Nicaragua u Honduras? Zabaleta me sonó a Morazan o Somoza (aunque de izquierda) y la banda musical a Perro Zompopo. ¡Muy bueno! Emocionado de leer más.

    1. Mario Salazar Boychev
      Mario Salazar Boychev

      Muchas gracias por tus palabras, Felipe, se aprecian un montón.
      Con respecto a la inspiración, no me basé en ningún país, personaje o banda. Lo que sí hice fue tomar prestados elementos generales de nuestra región, por así decirlo, para que el cuento fuese plausible.
      Me queda pendiente buscar la banda Perro Zompopo ahora.

Deja una respuesta