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—¡Camila!, toma el cuchillo y encerrémonos en el baño.—

Me miró con una cara que nunca antes le había visto (y eso que eran más de trece años los que nos unían), pero tuve que hacerlo. Había que pensar y actuar rápido.

Corrimos hacia las escaleras y subimos los escalones de dos en dos. Ya pasaban las 7:00 de la noche y todo estaba apagado, habían cortado el flujo eléctrico. Llegamos al baño, cerramos la puerta y esperamos. 

Sentadas sobre el piso frío, contemplamos nuestros rostros pálidos y callamos. Tres segundos después, Camila reaccionó:

—Patty, dejé mi celular abajo, tenemos que pedir ayuda.— Revisé el bolsillo y no tenía el celular. 

—Voy a bajar por él. — le dije a Camila. Discutimos un poco y al final la dejé hablando sola. Había que intervenir con prontitud.

Abrí la puerta lentamente, baje las escaleras poco a poco y me dirigí hacia la mesa de la cocina. Yo sabía que lo había dejado ahí. 

Una vez con el celular en mis manos me di la vuelta y empecé a caminar, con calma, hacia arriba. De pronto, escuche un ruido, pero no supe distinguir con exactitud de dónde provenía. La casa era grande. Me detuve un momento y seguí avanzando. 

De pronto, se me vinieron a la mente miles de recuerdos juntas en un sólo segundo. Sentí nostalgia. 

A llegar arriba, me posé al frente de la puerta del baño. Fue cuando noté que estaba un poco abierta. 

—¡Camila!— susurré… 

Separados de escritos - El Mural

Ya han pasado tres años y heme aquí. Aún si poder superarlo. Quizás hubiera sido distinto si alguna de las dos hubiera tenido el celular. O si quizás, no le hubiera aceptado la oferta a ese tipo.

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